DÍA DE LLUVIA-cuento

NOTA: En este momento llueve mucho sobre la ciudad de Montevideo, recordé este cuento y … lo publico aquí. Espero les guste.


La mañana arrancó lluviosa.

Hacía rato que Matías estaba despierto, no se había querido levantar para no despertar a Sara.

Su mente está en pleno viaje, muy lejos de la cama.

La música de la lluvia estimula la imaginación. Recuerda lejanos momentos junto a la costa del río, un río grande como un mar, y Matías, como buen maestro, lo relaciona con el “Paraná Guazú”.

Su juventud fue libre, muy en contacto con el entorno marítimo.

Disfrutaba de la rambla con un goce tan profundo que le dejaron sensaciones que aún hoy parece estarlas viviendo nuevamente.

La rambla, costanera, malecón, o cómo quieran llamarle ¡qué hermosa es!

Recuerda la playa, ese lugar tan abierto, tan acogedor, tan sobrecogedor a veces. Lugar donde la rispidez de la arena le dañaba los talones de tanto correr tras las gaviotas, chorlitos y algunas palomas. Otras veces era por perseguir cangrejos entre las rocas. Ese malestar era pasajero, el remedio estaba al alcance de un par de zancadas, la suavidad del agua aliviaba rápidamente las molestias generadas por tan intensa descarga de energía.

Las rocas, el viento, el agua, … el cielo, … ¡qué maravillosa combinación de elementos!

El viento, al castigar con el agua las rocas de la costa, levanta una llovizna de agua salada que iba quedando en sus labios, … por poco tiempo, … enseguida desaparecía, enjuagada por el agua dulce de la llovizna que venía desde el ceniciento cielo.

Le divertía mirar a las gaviotas. Se guarecía tras el murallón o entre algunas rocas, y disfrutaba viéndolas perder el equilibrio al luchar contra la fuerza del viento, iban para un lado y para otro, el control lo tenía Eolo, no ellas. Cuando salía de su guarida, era él el que perdía el equilibrio al enfrentar al ventarrón. A veces el viento le favorecía, era cuando lo empujaba, pero había veces que lo tenía de frente ¡ahí sí que se ponía difícil! sobre todo si era al regresar de sus travesías dirigiéndose a la casa. Al salir del nivel del mar siempre hay  subidas que repechar, y en esos casos, si el viento estaba soplando de tierra ¡cómo costaba desandar la bajada! gastaba más energía que si hubiera corrido varias veces la playa por la arena floja de un extremo al otro.

Siguen los recuerdos … La Farola, … ¡La escollera!, … ¡Oh!, ¡la escollera! …


¡Escollera!, ¡escollera!,

Una suave música surgió en su mente.

Música escrita en palabras:

Escollera, escollera, escollera de mi río … donde te…

¡¡¡No aguantó más!!! … Necesitaba ¡escribir! esa “música”.

Juntó tranquilidad y se levantó sigilosamente, intentando no hacer ruido. No se vistió en el cuarto, tomó la ropa y salió. Se vistió en el baño.

Ni se lavó la cara, fue y se hundió en el sillón de Joaquín, con lápiz y papel en mano … ¡con la música en la mente!

El papel aceptó el sacrificio de dejarse arañar por el grafo. La música empezó a tomar forma.

Escollera,
escollera,
escollera de mi río
donde te enfrentas al frío,
al agua … ¿?

Cuando el flujo de inspiración se detenía Matías miraba a través de la ventana, veía la lluvia y su sonido lo volvía a poner en consonancia con las ideas anteriores.

Al cabo de un rato quedó finalizada la pieza léxico-musical.

Tan abstraído estaba Matías en la composición, que no podría decir cuánto tiempo (de reloj) transcurrió en ese estado.

Concretamente, el hecho es que la pieza quedó finalizada, la emoción quedó plasmada en el papel.

Una pieza musical, escrita para ser ejecutada desde el corazón, con el instrumento más natural que existe: la voz.

Leyó, releyó, corrigió varias veces, hasta que quedó así:

Escollera,
escollera,
escollera de mi río
donde te enfrentas al frío,
al agua
y a la tormenta.
Donde cada día de invierno,
de verano
o primavera
suena el silbido del ave
anunciando la existencia:
del agua, con su riqueza;
del hombre, con su viveza
tratando, con artimaña,
de sacar alguna pieza,
porque le gusta,
o precisa
para llevarla a la mesa.

… La lluvia continúa.

La volvió a leer.

La criticó. Se acordó que le enseñaron a analizar la métrica, la rima, consonancia … disonancia … ¡qué sé yo! … ya ni se acuerda.

Cambió la óptica.

La volvió a leer. La leyó con el corazón, con su sentimiento.

¡Quedó conforme!

Lo que escribió expresa, más o menos, lo que está sintiendo esa mañana. De última, él no quería escribir una obra de arte. En ningún momento buscó alcanzar valores literarios significativos. Simplemente quiso expresar su sentimiento a través del lenguaje, sólo eso, y en ese sentido: quedó conforme.

… La lluvia continúa, … la vida también.

Hoy, a Matías le vinieron ganas de comer pescado, y … ¿por qué no?


Autor: Harry Biswanger
Forma parte de la novela “Sortilegios”, ver sinopsis en el sitio.

Este cuento se publicó en el libro “CUENTOS DEL CASTILLO – Antología”, de la Colección Escritores Creativos coordinado por Mónica Marchesky, en diciembre del año 2017. ISBN: 978-9974-8644-1-2

Author: Harry

Escritor / Entusiasta Informatico / Proyectos / Luthier / ... Ja Ja !!! Olvidaba algo importante: "Pescador" ... Resumen: "Creativo" !!!!!!!